Fuera de lugar
Los chicos de la guerra ya crecieron II PARTE
Miércoles, 09-19-2007, 10:00:23 pm
Una sociedad que retraumatiza
En el Hospital psiquiátrico José de Alvear, todos coinciden en que para la atención del veterano de guerra, la escucha es fundamental y debe ser valorizante. Daniel Terzano ha querido enseñárselo a cada uno de quienes le colaboran en las terapias de crecimiento postraumatico que realiza con sus compañeros de batalla. Porque Terzano, luego de recibir su título de psicólogo, se fue a combatir a Malvinas. “Traumático no es solamente el hecho, sino también su relato, así que hay que buscar la forma de que se pueda relatar el horror y metabolizar de una manera no destructiva. Hay que recordar que el veterano es alguien cuya historia individual se cruza con una historia social que tiene que ser valorizada especialmente.”
Terzano recuerda que el final de la guerra de Malvinas fue una derrota y “eso nunca es un buen alimento para el narcisimo de nadie”, pero es aún más dura cuando la euforia inicial del triunfo los despidió como héroes, para recibirlos finalmente como perdedores.
“En el campo pensábamos: perdimos, morimos y además vamos a ser repudiados. En gran medida se cumplió la profecía. Volvimos en la noche con la menor exposición posible, recuerdo que llegamos en un micro hasta una barrera porque se habia cerrado el conurbano bonaerense, y una línea de taxis no nos quería llevar porque no sabían de qué guerra hablábamos. Fuimos llevados a la Escuela de Servicio para Apoyo al Combate que se encarga de logística, y allí los suboficiales nos hacían comer una gran cantidad de medialunas y pasteles para engordarnos de tal manera que al llegar a casa pensaran que no la habíamos pasado mal.”
Al regreso sucedieron episodios “surrealistas”, en palabras de Terzano, como la prohibición de las autoridades aeronáuticas de brindar servicio alguno en el vuelo hasta Puerto Belgrano, por lo cual las azafatas reunieron dinero de sus bolsillos para repartirles galletas. Algunas propuestas de tratamiento psicológico sugeridas por psiquiatras de la Marina, fueron rechazadas aduciendo que los conscriptos ya traían problemas mentales desde antes de la guerra.
“Por muchos años fuimos los chicos de la guerra, muertos de hambre, muertos de frío y muertos de miedo. Hoy me parece que seguir tratándonos como chicos de la guerra, es colaborar con la apertura y reapertura continua de la herida narcisista, dárle un golpe a la autoestima (…) No hay daño psicológico cuando los guerreros son premiados con honores o las primeras magistraturas. En esta guerra más allá de haber estado expuestos al combate y a perder amigos, hay un tratamiento social que retraumatiza.”
Hay un sentimiento común entre los veteranos y es el proceso de olvido y escondite al que fueron sometidos a su regreso. A pesar de que el país ya había transitado a la democracia, las instituciones estatales no hicieron nada por hacerle sentir al ex combatiente otra cosa que no fuera la vergüenza por la derrota. De acuerdo a cifras de diferentes asociaciones de veteranos de guerra se estiman entre 350 y 400 los suicidios post Malvinas, algunos de los cuales incluyen a hijos de ex combatientes.
Ésta es la más grave de las consecuencias psicológicas de la posguerra, aunque otras que reflejan el padecimiento del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), fueron develadas recientemente por una investigación del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados (PAMI). Según el estudio que incluyó a un universo de 200 ex combatientes, el 39.1% de ellos intentó suicidarse y el 78.2% padece patologías del sueño. Además, el 65,2% de los consultados pensó alguna vez que sería mejor “estar muerto”, mientras el 69,5% recuerda “con mucha intensidad” los episodios vividos en las Islas. Otros síntomas se reflejan en el 47.8% que reconoció que ingiere más de un litro de licor cada vez que bebe y un 86,9% que se siente por lo general más irritable que el resto de las personas de su entorno. No es un dato menor que el 65,2% de los consultados haya recurrido a un psiquiatra alguna vez.
Los especialistas también observaron las conductas de las personas más cercanas a los veteranos y concluyeron que el 53,3% de las esposas preguntadas, teme a las reacciones violentas de su marido. Los resultados también mencionan que dos de cada cinco hijos de ex combatientes presentan dificultades de conducta y problemas de aprendizaje.
El informe propone terapias psicológicas, sociales y médicas que 25 años después de la guerra están en mora de ser incluidas en los planes de salud.
Para la psicóloga Claudia Vigil, quien asiste a Terzano en el servicio de psicoterapia del Hospital Alvear y es además vocal de la Sociedad Argentina de Psicotrauma, el trauma bélico de los veteranos plantea al psicotraumatólogo dos frentes imprescindibles para la reparacion del daño y la restitución de la salud mental: “El primero es evaluar y alojar en una relacion terapéutica segura, estable y confidencial, la forma peculiar y única con la que cada sujeto sufrió lo que aún no puede soportar haber vivido. Este sufrimiento puede instalarse en forma de malestar intenso, reminiscencia, flashback, escenas experimentadas, alerta, miedos, insomnio, sentimientos de culpa, depresión y hasta la pérdida del sentido de la propia vida”. Aquí es donde la elaboración del relato, juega un papel clave.
“El segundo frente es el tratamiento social del hecho y mirar cómo se puede reparar el trauma, desde la forma como se escribe lo que pasó en boca de la gente y de los gobiernos. Frente a Malvinas nos encontramos con fenomenos de descalificación y discriminación y alejamiento afectivo. He leído comparaciones entre la Guerra de Vietnam y Malvinas en el sentido de la desaprobación de la gente, pero hay que entender que ellos tuvieron un tratamiento cultural de numerosas películas, libros y miradas. De Malvinas falta un debate social profundo y maduro porque todo se calló. Ni en las escuelas se habla. No hay una trasmisión historica.”




