Busca en Ciudad Cool

« Regresar

‘Se busca’... una pista

Miércoles, 04-09-2008, 9:07:34 am

Las recompensas han sido por siglos la forma más tradicional de vincular a agentes no estatales en la persecución de delincuentes. Sin embargo, mucho va de los cazarrecompensas del viejo oeste a los de nuestros tiempos, quienes reciben plata por información y no por cadáveres. 
       
      Los célebres carteles de ‘Se busca vivo o muerto’, que ocupaban las comisarías del viejo oeste americano, hasta donde llegaban mercenarios que se encargaban de ubicar al forajido de la época a cambio de buenas sumas de dinero, han sido reemplazados por listas de Interpol, ordenes de batalla que comparten los organismos de inteligencia, redes de cooperantes civiles e informantes ex combatientes que se filtran en las filas del enemigo.
       Ese es el panorama de las recompensas en Colombia, donde se paga principalmente por información y no por cadáveres.
       Los tiempos en que Butch Cassidy o The Sundance Kid, los principales miembros de la pandilla salvaje del Far West gringo, desvalijaban bancos y asesinaban sheriffs, han cambiado.
       También lo han hecho los cazarrecompensas que iban por sus cabezas, aunque algunas empresas y sujetos conserven esa política como medio de vida. 
       “A veces se piensa en eso de una manera peliculesca. En el país no hay empresas de ese tipo aunque hay quienes tienen negocios de seguridad y vigilancia pero actúan de manera defensiva, para minimizar riesgos y no para buscar delincuentes”, asegura un oficial de inteligencia que prefirió el anonimato.
       “Lo que existen son informantes que recluta el Ejército para que le suministren información que casi siempre es paga. Cuando se considera que tienen potencial, esto se convierte en un favor periódico”, anotó el oficial.
       De este grupo hacen parte o bien ciudadanos que han conocido las estructuras subversivas por distintas razones, o bien ex combatientes desertores.
       “Algunas son personas defraudadas desde el punto de vista amoroso, que han sido maltratadas o abandonadas por un sujeto que terminó en las filas. Otros son los guerrilleros resentidos por los malos tratos de los cabecillas, por la mala repartición de los botines o por crímenes que ocurren entre ellos. Por ejemplo la muerte de un cabecilla terrorista ocurrió porque ese cabecilla asesinó al hermano del otro”, explica la fuente castrense.
       Al contrario de los cazarrecompensas tradicionales que eran famosos y admirados por sus hazañas, estos sujetos tienen como regla primordial el anonimato, pasan desapercibidos y aunque quien los recluta hace todas las tareas de comprobación pertinentes sobre su identidad y establece un código de comunicación con ellos, a muchos se les ha perdido el rastro.
       “Son hombres inseguros porque están en peligro de muerte (...) Hubo un caso como el de alias ‘Fedor Rey’, un cabecilla de una disidencia de las Farc que delinquía por Nariño y Cauca, a quien le dijeron que dentro de las filas había un infiltrado del Ejército y asesinó a 164 personas de quienes sospechaba. Fue un caso aberrante, porque hubo niños de 16-17 años a quienes mataron a punta de garrote”, dijo la fuente.
       Sin embargo, muchos se arriesgan a esa persecución, con el ánimo de verse beneficiados económicamente. Muchos han salido al exterior y otros, como es de público conocimiento, han señalado gente inocente. 
       Al respecto, el militar asegura que “el hecho no es venderle el alma al diablo, hay que aprovechar lo que saben para poder neutralizar ciertos actos, pero hay que corroborar las informaciones y respetar para eso los procedimientos jurídicos y los prontuarios que tienen”.
 
Reglamentar        
       La preocupación por el tema de las recompensas se ha extendido a las esferas del Congreso. Estos rubros están a un solo paso de ser reglamentados, por cuenta de un proyecto de ley que contempla esencialmente el pago sólo por razones de seguridad nacional y con cargo a los gastos reservados del Estado.
       “Se busca reglamentar los dineros de uso restringido y privativo de las fuerzas militares, aunque por ahora el debate está suspendido”, explica el presidente de la comisión de defensa nacional, el conservador Manuel Ramiro Velásquez.
       El Senador aclaró que el proyecto no busca ponerle límites al pago ni establecer cuantías, sino que apunta “a que haya controles por parte de la Contraloría e informes públicos para saber si están siendo bien utilizados”,
       Esto con el fin de evitar que se usen métodos ajenos a la legalidad, para obtener las recompensas. 
       La iniciativa está actualmente en la Comisión Segunda y obedece “al mal manejo de algunos dineros de éstos en algunas regiones del país, donde no se han sabido usar”, añadió Velásquez, quien advirtió que la iniciativa no contempla el pago de recompensas en el exterior.
       Para el gobernador de Nariño Antonio Navarro Wolf, el principal riesgo de una política que se basa esencialmente en recompensas “es que lo que se va a conseguir información falsa. Tiene que ser un accesorio adicional, que no reemplace la inteligencia profesional”.
       “Los delatores actúan como alguien que quiere una recompensa, y que da información falsa con apariencia de verdadera para congraciarse con el Estado, y eso ha producido los errores más graves en los últimos dos años en operaciones militares”.
       El militante del Polo Democrático asegura que aunque la Policía tiene una inteligencia relativamente buena para enfrentar la delincuencia, el Ejército es mucho más débil para hacer lo propio con la guerrilla.
    “El Ejército reemplaza con sus informantes su falta de agentes propios, analistas serios, e infiltrados propios (...) Las recompensas que pagan, provocan casos como el de Granda, en donde miembros del Estado Venezolano ya lo tenían localizado y sólo cuando apareció la recompensa decidieron actuar”, anota Navarro.
 
El botín colombiano
     Del sonado caso del tristemente célebre Canciller de las Farc, Rodrigo Granda Escobar, se sabe que se pagaron US$350.000 dólares al cazarrecompensas que fue detrás del preciado botín. Eso es lo que consta en un ‘documento confidencial sobre el pago de la recompensa’ que reveló en su momento la inteligencia militar del vecino país.
     En Colombia sostienen que lo recibió un informante reclutado por la Dijin y en Venezuela, que lo hizo algún militar disidente.  
     El vicepresidente Francisco Santos dijo, con el fin de atizar la polémica por dicha captura que “Ojalá vinieran todos los cazarrecompensas del mundo a capturar a estos bandidos; la plata está ahí para ellos y las recompensas son bastante buenas”.
     Cierto es que el dinero lo hay, pues según la directiva No. 10 de 2003 del Ministerio de Defensa, se pagan desde $1.000 por el cartucho de un fusil hasta 20 millones de dólares para quienes suministren información que conduzca a la captura de los miembros del secretariado.
     Es más, el Gobierno reconoce el 50 por ciento del valor de la caletas con dinero denunciadas, con un tope máximo de 200 millones de pesos.
     Según el viceministerio de Defensa, en 2007 se pagaron siete millones de dólares en recompensas, en el marco de la cuarta fase de la campaña ‘Actúa Colombia contra el terrorismo’. Estas informaciones permitieron la captura de 31 cabecillas de grupos armados y la frustración de 800 atentados, según la fuente. 
      Se destacan los US$800.000 que se pagaron por la información que condujo a la detención de ‘Simón Trinidad’, y los $200 millones que recibieron los tres delatores que señalaron a Wilmar Antonio Cano Marín, alias ‘Hugo’, cabecilla del frente 22 de las Farc.
      Aunque los cazarrecompensas colombianos. son en realidad informantes asiduos del Estado, se estima que esta cifra sobre pasa el millón.
      De acuerdo con la División de Fuentes Humanas del DAS, cerca de 10 mil nombres en promedio han sido reclutados con este fin, en las 32 seccionales del país.
       En Bucaramanga un vocero del organismo informó que existe una directriz según la cual un agente no puede actuar en ningún operativo, si por lo menos no tiene tres fuentes de información, entre las cuales las humanas, cobran vital importancia.
       “Eso sí, no se pagan informaciones hasta que no hayan resultados” subrayó la fuente quien dijo que en la región se han obtenido óptimos resultados en las capturas del Eln y las Farc.
       Por su parte la V Brigada del Ejército informó que en 2004 entregó recompensas por el orden de los 116 millones 300 mil pesos, que permitieron entre otros resultados, la captura de al menos cuatro cabecillas en la región. Por la delación de cada uno de ellos se pagaron $60 millones.
       La institución castrense destacó la detención de alias ‘Iván Vargas del frente 24 de las Farc, alias ‘Juancho Prada’ de las Autodefensas Campesinas del César, alias ‘La zorra’, ideólogo del bloque Magdalena Media de las Farc, y alias ‘El mechudo’, cabecilla del frente urbano del Eln.
       “Ahora se están poniendo carteles en la frontera en los que se habla de recompensas de $1.000 millones. Eso es muy atractivo para los guerrilleros porque ellos no manejan un código de moral ni de ética. Solo la ley del más fuerte, entonces entregan a sus jefes para beneficiarse”, sostiene el oficial de inteligencia.
 
En EU las más onerosas
       Sin lugar a dudas Estados Unidos se lleva la presea mayor en el ofrecimiento de recompensas.
       El Departamento de Estado de EU, al cumplirse cuatro años del secuestro de los tres contratistas norteamericanos, Thomas Howes, Keith Stansell y Marc Gonsalves, cuya avioneta en la que realizaban una misión antidrogas cayó en las selvas del sur del país, reiteró la recompensa de hasta cinco millones de dólares por información que conduzca al arresto o sentencia de los responsables.
       “Seguimos haciendo responsables a las Farc de la seguridad, salud y bienestar de los tres rehenes estadounidenses, y pedimos que sean liberados inmediatamente, sanos y salvos”, dijo entonces su portavoz Richard Boucher.
       Washington ofrece, además de la recompensa por información, un estímulo de aproximadamente 340.000 dólares y la posibilidad de obtener una visa estadounidense.             
       “Me parece que hasta el momento son palabras de Estados Unidos que no han dado ningún resultado porque de esas personas no hay rastros. Obviamente hay razones políticas de por medio para ofrecerla, pero no se le pueden dar a un tipo una suma sobredimensionada. Eso es muy peligroso”.
       Por supuesto, y pese a la importancia que para EU revisten estos ciudadanos, otras son las cabezas que realmente ‘valen’ oro.
       Según la agencia Europa Press, en un momento en el que la búsqueda del líder de la red terrorista Al Qaeda, Osama bin Laden, parece encontrarse en punto muerto, Washington tiene pensado duplicar la recompensa a quien facilite su captura: de 25 a 50 millones de dólares, un monto que fue aprobado por ley en noviembre del año pasado.
       Bin Laden hace parte del programa de los 10 más buscados por la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) que comenzó el 14 de marzo de 1950.
       Entre aquellos sujetos que son escogidos por la División de Investigación Criminal por tener un amplio historial criminal o representar un peligro a la sociedad, figuraba el colombiano Diego León Montoya Sánchez, uno de los principales líderes del cartel del Norte del Valle, recientemente capturado
       Por la cabeza de Montoya, quien es protegido por miembros de la AUC y es acusado de tráfico de cocaína, el Departamento de Estado llegó a ofrecer hasta cinco millones de dólares, la cifra más alta de la lista solo superada por la de Bin Laden.
       Por los demás criminales que cometen actos como violación a menores, asesinato a sangre fría, o estafas, se llega a ofrecer como máximo 50 mil dólares. (ver recuadro).
       Adicional a estos recursos, la Oficina de Seguridad Diplomática del Departamento de Estado creó en 1984 el Programa Recompensas para la Justicia, con el fin de combatir el terrorismo internacional.
        “En los siete últimos años Estados Unidos ha pagado más de 8 millones de dólares en 22 casos a individuos que presentaron información confiable que llevó a la cárcel a los terroristas o impidió actos de terrorismo en el mundo. (...) Tuvo un papel importante en el arresto del terrorista internacional Ramzi Yousef, quien vino a Estados Unidos antes del ataque contra el Centro Mundial de Comercio para coordinar la fabricación y la colocación de la bomba”, sostiene un documento del FBI.
         No obstante, una industria como la que se mueve en Estados Unidos, carece de asiento en Colombia por la ausencia de una infraestructura capaz de ubicar a los criminales y enfrentar el poderío de sus organizaciones.
        Empero, mientras haya recompensas, persistirá el sueño de muchos de volverse millonarios de la noche a la mañana.
 
Mercenarios de profesión
     Aunque no les gusta que les llamen mercenarios, esta es la figura más conocida en la historia sobre los cazarrecompensas.         
     Eran esos sujetos que comenzaron cobrando sueldos por pelear en la guerra de Vietnam, en el Congo o en Rodesia.   
     En una cuenta privada en Suiza, los guerreros recibían el pago por encontrar subversivos y matarlos, y si por alguna razón la empresa no seguía la operación, dejaban de combatir y regresaban a sus casas a la espera de otra oportunidad. Fueron los años dorados en Katanga de Mike Hoare, el loco o de Bod Denard, quienes durante el régimen del apartheid estuvieron presentes en casi todos los golpes de Estado africanos que favorecían causas de derecha.    
     Racistas por instinto, llegaban a pagar hasta US$ 5.000 por una buena información, sobre todo a mandos medios de unidades especiales de inteligencia, con quienes entablaban contacto en los cursos de entrenamiento que impartían.             
     En la actualidad, hay en Estados Unidos empresas constituidas de cazarrecompensas que van por el mundo actuando como ejércitos privados. Sin embargo, a título personal, son pocos los que se dedican a esta profesión, que no mantienen el anonimato. Uno de ellos es Orlando Laufer, un sujeto que según el Nuevo Herald, habría invertido US$300.000 en gestiones para la captura del ex asesor presidencial Vladimiro Montesinos, y que posteriormente interpuso una demanda contra el Gobiero peruano, por el no pago de los cinco millones de dólares que ofrecía por el ex funcionario.           
        La demanda fue introducida en el Tribunal Supremo de Justicia por sostener Laufer que fue la primera persona que identificó a Montesinos en diciembre de 2000, en la clínica caraqueña en la que se sometió a una operación para modificar su rostro.                
        En la lista también se hizo famoso el norteamericano Jonathan Idema, arrestado posteriormente bajo la acusación de torturas y secuestro.  Idema y sus colaboradores, cazarrecompensas cuyo propósito es capturar al máximo número posible de antiguos dirigentes talibanes y miembros de Al Qaeda, incluido Bin Laden, dirigían en Kabul su propia cárcel y trabajaban armados y vestidos de camuflaje.               
        Algunos sostienen que los había contratado el Pentágono, aunque el organismo niega esa versión.
        Sin ir muy lejos, en Colombia trabaja ‘Harry’: el ex policía estadounidense que montó una base de operaciones en Bogotá, en la que cuenta con sofisticados medios de transporte, comunicación y armas para infiltrarse en cualquier organización o, incluso, monitorear movimientos bancarios, venta y compra de bienes y alimentar una base de datos con perfiles de sospechosos.
        Sus servicios, que ofrece con la autorización de la embajada de los Estados Unidos, van desde la asesoría a la Policía y al Ejército hasta la negociación de secuestrados.
        Ahora seguramente aparecerán otros nuevos, dispuestos a ganarse el botín de cinco millones de dólares, que Microsoft ha dispuesto para ayudar al FBI, al Servicio Secreto de Estados Unidos, así como a la Interpol, a identificar y detener a los piratas informáticos, creadores de virus, gusanos y todo tipo de códigos maliciosos de Internet.
                * Con información de la revista Soldiers of Fortune y la Agencia Colprensa 

Los más buscados del FBI

Osama Ben Laden (Usama bin Laden). 47 años. Acusación: Conspirar el ataque contra las embajadas de Estados Unidos en Tanzania y Kenia. Además, se le considera el autor intelectual de varios ataques terroristas en todo el mundo, incluyendo el del 11 de septiembre. Recompensa: 50 millones de dólares. Además, la Asociación de Pilotos de Aerolíneas y la Asociación de Transporte Aéreo ofrecen en conjunto una recompensa de 2 millones de dólares.

* Genero (o Genaro) Espinoza Dorantes. 34 años. Acusación: Supuestamente participó en la quemadura, golpiza, tortura y asesinato de su hijastro de cuatro años en Nashville, Tennnessee, en febrero de 2003. Recompensa: 50 mil dólares por información que conduzca a su arresto.

* Víctor Manuel Gerena. 46 años. Acusación: Robo a mano armada de siete millones de dólares en una compañía de seguridad en West Hartford, Connecticut. Recompensa: 50 mil dólares.

* Richard Steve Goldberg. 58 años.  Acusación: Abuso sexual de varias niñas menores de 10 años en California. Recompensa: 50 mil dólares.

* James J. Bulger. 74 años. Acusación: Violación de las leyes de los Estados Unidos que combaten el crimen organizado - asesinato (18 cargos). Recompensa: un millón de dólares.

* Robert William Fisher. 43 años.  Acusación: Es acusado de matar a su mujer y dos niños, y posteriormente hacer explotar la casa donde vivían en Arizona. Recompensa: 50 mil dólares.

* Saul Joseph Cooper. 66 años. Acusación: Fraude electrónico, tráfico de mercado ilegal. Lavado de activos.  Recompensa: 50 mil dólares.

 

La lista colombiana

* Nivel uno: 

Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez, máximo cabecilla de las Farc. Luis Suárez Briceño (alias Mono Jojoy), del Bloque Oriental de la misma organización. Guillermo León Sáenz Vargas (alias Alfonso Cano), miembro del Secretariado de las Farc. Recompensa: $5.000 millones de pesos. 

* Niveles dos y tres: 
En éstos se encuentran más de 40 paramilitares y guerrilleros, dentro de los que figuran Nelly Avila Moreno (alias Karina), Luciano Marín Arango (alias Iván Márquez), Gustavo Rueda Díaz (alias Martín Caballero), Henry Castellanos Garzón (alias Romaña), Tomás Molina Caracas (alias El Negro Acacio), así como NN (alias Pablo Catatumbo) de las Farc.

Recompensa: Entre 1.000 y 2.000 millones de pesos.

 

 


Comentarios

Escribe un comentario

« Regresar