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Las crisis de un grupo de anónimos

Sábado, 04-19-2008, 2:23:30 pm

El anonimato sirve para todo, principalmente para que el hombre se sienta capaz de desnudar su alma, sin que ese otro desconocido lo juzgue. Con esta premisa se han creado en el mundo varios grupos de ayuda, en los que seres sin nombre, comparten sus dolorosas experiencias para buscar soluciones a través de quienes ya las han vivido. Bajo la filosofía de Alcohólicos Anónimos hoy existen asociaciones como “Narcómanos Anónimos”, “Obesos Anónimos”, “Jugadores Anónimos”, “Esquizofrénicos Anónimos” y otras tantas. En Bogotá hay un grupo de “Neuróticos Anónimos”, en el que sus miembros aseguran haberse liberado de unas vidas insoportables.
 
La figura menuda de Nora* se asoma afanosa sobre la carrera 17, a la altura de la calle 65 en el sector de Chapinero de Bogotá. Faltando poco para que sean las 7:00 p.m., el tráfico le ha retrasado el horario habitual de apertura de su lugar de reunión y ‘expiación’ de penas, culpas y alegrías. Desde las 6:30 p.m. un grupo no muy numeroso de personas, la espera al frente de un discreto lugar, tanto como su nombre, al interior del cual no son mas que seres anónimos en busca de ayuda.
“A veces nos reunimos solo cuatro personas, unas no vuelven después de la primera vez porque no quieren o porque las han traído engañadas. Hemos sido hasta 80 personas, pero cuando dejamos de saber de unos u otros, pues no tenemos teléfonos ni dirección de nadie, para saber por qué son o no son constantes. Respetamos el anonimato”. Esos son, seres anónimos. Y neuróticos. Aunque esta definición abarque etimológicamente todos los “episodios de desequilibrio psicológico que se presentan en personas que han alcanzado una función mental relativamente adecuada”, ellos se describen como hombres y mujeres que “hemos perdido la capacidad para controlar nuestras emociones y como consecuencia nos hemos encontrado inmersos en dificultades y situaciones que nos ocasionan sufrimiento”.
Nora saca las llaves de un pequeño bolso. Abre la puerta de la sede en Bogotá de “Neuróticos Anónimos” y de inmediato se lamenta porque arriba están haciendo remodelaciones y su modesto local se ve afectado por una grieta en el techo que lo ha empolvado significativamente. Ella comienza a limpiar cuidadosamente cada una de las doce sillas y el atrio detrás del cual los anónimos más valientes se atreven a contar su historia tras una sugestiva leyenda ‘Sé honesto, habla de ti’.
También despercude un pequeño estante con libros y folletos sobre la organización y sus antecesores mexicanos y la ‘mesa de servidores’, en la que se sientan quienes asumen el liderazgo del grupo, luego de haber superado su propia neurosis y tener la ‘buena voluntad’ de ayudar a otros. Nora es hoy uno de ellos luego de que en 1989 participara en el primer grupo que se inició en Colombia, bajo la batuta de una familiar suya que conoció la iniciativa en México, país donde nació en 1977 (ver México, la cuna)
“Ella conoció allí Neuróticos Anónimos y decidió abrir en Bogotá un grupo que iniciamos cuatro personas haciendo uso del espacio de distintas parroquias, hasta que tuvimos lugar propio. En esta esquina estamos desde 2001. Ella me invitó porque se dio cuenta que yo lo necesitaba, ya había perdido mi empleo y hasta mi relación de pareja por mi actitud y lo peor era que yo pensaba que los otros eran los neuróticos y no yo”.
Nora es inquieta. Ya terminó de limpiar cada esquina y barrer y ahora ofrece agua aromática a los invitados. Aunque se guarda detalles puntuales de su experiencia, ya no teme compartirla con nadie. Eso sí, la mayor parte del tiempo se dedica a escuchar. A los nuevos, les entrega un folleto de autodiagnóstico en el que a través de 26 preguntas pueden deducir su grado de neurosis: ¿Es usted super sensible?, ¿Tiende a exagerar sus estados de optimismo y depresión?, ¿Le gusta conmiserarse?, ¿Cree que todo el mundo lo observa?, ¿Miente sin necesidad?...
“Con solo una que conteste afirmativa puede necesitar ayuda, pero hay gente que le dice que sí a las 26 y se pasa la vida así, sin aparentes remordimientos pero infeliz”
Con el lugar dispuesto, la primera parte de la reunión se va en la lectura de los enunciados de la organización. Nora aclara que ellos no pertenecen a “ninguna secta religiosa, ni política, ni institución alguna; ni deseamos intervenir en ninguna controversia ni apoyar o combatir otras causas”. También explica que allí no hay profesionales de la medicina, ni la psicología, excepto aquellos que toman la terapia como cualquier miembro, lo que significa que también tienen problemas emocionales y están trabajando para recuperarse. “Tampoco cobramos nada, las contribuciones para pagar el arriendo del lugar (cuyo valor no revela) son voluntarias y se colectan al final de la reunión”.
A Nora se le escucha con atención. Conoce al dedillo la filosofía del N.A. y se considera una afortunada por estar allí. Dice que ese cuento de un Poder Superior, significa dejar ayudarse de Dios “como cada uno lo entienda”.
Haciendo un ‘flash back’ de su vida, recuerda que padeció durante años un inconformismo existencial, como bien lo llama, por el que pensaba “que a mí me tocaba una vida muy dura frente a la del todo el mundo. Yo decía ¿por qué no le pasa esto a fulano? Incluso llegué a maldecir no tener una vida como la de Lady Di, hasta eso me parecía injusto (...) Entonces me aislaba y pensaba que toda la gente era un fastidio y era culpa de ellos. Me volví introvertida y me alejé de mi familia”.
Nora, quien dice simplemente tener más de 30 años, no se hallaba. Por ese tiempo trabajaba en un edificio con vista a la carrera séptima de Bogotá donde se sentía enjaulada y se molestaba con la gente que estaba afuera, por no ser ella. Tenía mala voluntad para trabajar y creía que en las anfetaminas (drogas antiepresivas) iba a encontrar la solución.
“Tuve una adolescencia complicada con mis padres, bebí mucho alcohol y solo quería morirme: Tres de mis hermanos se murieron antes de los 5 años, yo sentía que estaba viviendo horas extras. Para completar, di luego con una pareja alcohólica”. La experiencia y el paso de los años, le mostraron luego que había otras salidas.
 
Para la psiquiatría
“Nosotros no usamos la palabra neurótico, en el sentido científico. Para nosotros el neurótico es cualquier persona que acepte que tiene problemas emocionales, solo cada uno puede determinar si lo es, y para eso escuchamos las experiencias de quienes ya se asumen como tal, para que los nuevos vean si sufren algunos de esos síntomas (ansiedad, miedo, angustia, tristeza, enojo, soledad, celos, insomnio) y les sea más fácil identificar su neurosis”, explica Nora, volviendo a su realidad actual.
La neurosis, entendida en el sentido científico como una alteración mental caracterizada por la presencia de un alto grado de ansiedad, miedos y obsesiones, no obstante es un concepto abandonado por la psicología científica y la psiquiatría, aunque permanezca vigente en el psicoanálisis clásico. Según el psiquiatra Camilo Umaña, de la Clínica Carlos Ardila Lule, el término abarca muchos diagnósticos, que hoy en día se tratan por parámetros muy diferentes a la definición general de neurosis.
“Hace unas décadas ahí cabrían muchos comportamientos humanos, pero hoy en día se han dividido en varios diagnósticos en los que se incluyen depresiones, obsesiones, ansiedades tipo pánico, trastornos alimenticios; cada una de las cuales tiene medicamentos muy específicos y también pueden tener muchos orígenes”.
Típicamente, la conducta neurótica es repetitiva, conduce a una mala adaptación y es insatisfactoria. Puede variar de gravedad, desde episodios leves hasta una enfermedad grave e incapacitante, que incluso requiera hospitalización.
Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades mentales y emocionales son el problema de Salud Pública número uno en el mundo y se estima que una de cada 4 personas padece algún grado de neurosis y ha llegado a sufrir trastornos emocionales graves, que han requerido atención médica especializada. Esto incluye tranquilizantes, antidepresivos, píldoras para dormir, vitaminas y hasta tratamiento de ‘Shock’. Los asistentes a las terapias de N.A. afirman que algunos profesionales de la medicina, les han sugerido finalmente que busquen ayuda en estos grupos. 
Para Umaña, estos encuentros “pueden ser en efecto una solución porque nadie es dueño de la verdad total, ni se le puede prohibir a nadie el estar en algún sitio donde siente mejoría. Como en toda experiencia, hay personas que pueden dar fe de que les ha servido, u otras que hayan complicado más sus crisis personales. De todas maneras hay que tener en cuenta que entrar a manejar el comportamiento humano, es una responsabilidad muy compleja”.
A la propia Nora le consta pues a su grupo han llegado personas muy agresivas sin mucho contacto con la realidad, a quienes han tenido que mandar efectivamente, donde el psiquiatra. “Una persona una vez cogió un valde de agua y nos lo echó encima a todos; otras se estuvo de pie toda la charla y al final empezó a pegarse con las paredes, otra empezó a contar historias imaginarias. Esos casos preferimos remitirlos al psiquiatra”, confiesa.
 
“Tengo muchos miedos”
Luego de los apartes introductorios de Nora, ahora es Adriana* la que toma la palabra. Como regla, nadie la interrumpe ni menos aún, le pregunta nada. Ella cuenta que pasó cinco años sin pedir ayuda, aún cuando ya conocía el grupo. Era una mujer infiel que pensó en abandonar a su familia por su nuevo amor, pero esos deseos le martillaban su conciencia de culpabilidad.
“Pensaba que lo mejor era que mi esposo me fuera infiel, para auto perdonarme. Pero cuando efectivamente eso pasó, me sentí morir de celos y de angustia, al verlo feliz. Empecé a querer llamar su atención dejando de comer, fumando una cajetilla diaria de cigarros, llorando todo el día, con una conmiseración muy fuerte y culpándolo de lo que me pasaba. Llegué a pensar en tirarme con mis tres hijos a un bus en una avenida, para causarle infelicidad por lo que había provocado. Después de venir aquí, recuperé mi familia”.
Las sillas de los espectadores permanecen incólumes. Apenas una lenta respiración de una mujer de edad se escucha en el recinto. Adriana baja, y el banquillo del desahogo da paso a una joven de apariencia tímida.
“Tengo muchos miedos. Desde niña: Miedo a enfrentar la oscuridad, a la llorona loca, al diablo al exorcista, nunca pude disfrutar los juegos de las escondidillas, ni siquiera las salidas de campo por el miedo a la bruja. Ahora tengo miedo a salir con alguien a bailar porque temo que se emborrache y me agreda o abuse de mi. Ha sido tal el miedo que dejé mi trabajo porque empecé a tenerle miedo a la gente sin saber por qué, a mis jefes, a los clientes, a que me violaran, a que me robaran el carro, a las calles oscuras. He ido a médicos y hasta a brujas, pero nada. Un amigo me habló de este sitio”
Nora asiente desde una esquina, como diciéndole, llegaste al lugar indicado. La invita a sentarse con ademanes y hay un silencio casi sepulcral. Las manecillas del reloj dan casi una  vuelta de 60 segundos hasta que René* decide levantarse. Al parecer, era hipocondríaco.
“Hubo un tiempo en que viví rodeado de médicos que no descifraban el por qué de mis mareos, nauseas, taquicardia y angustia. Sentía que el piso se me movía, la presión se me bajaba (eso creía yo). Visité brujos, psicólogos y nadie podía decirme qué era lo que me pasaba. Mi doctor me dijo que no tenía nada; que mi enfermedad estaba en la mente, de hecho él me sugirió venir acá. Yo quería morirme del desespero de no saber que me pasaba porque en los exámenes médicos no salía nada, dejé de atender a mi familia y no tenía deseos de hacer nada. Con estas terapias, incluso se han desaparecido los malestares físicos”.
El timbre del teléfono interrumpe la dinámica. Nora da instrucciones a una mujer al otro lado de la línea. “Por aquí la esperamos cualquier día entre semana de 6:30 p.m. a 8:00 p.m. y los sábados de 10:00 a.m. a 12:00 p.m. No se preocupe que aquí todos tenemos problemas y nos ayudamos”.
Lo dice con propiedad, pues con su experiencia, que es finalmente la última que se ventila en esta junta de recuperación, como oficialmente se llaman, ha apadrinado a personas que se sienten mal por ser gordos, por depender de la pareja, drogas psicoactivas o medicamentos, por maltratar a los hijos, por los triunfos de los demás, por la falta de dinero, por su obsesión en el juego y en su mayoría, cansados de vivir. No pocos con ideas suicidas, e intentos de acabar con la vida.
“Yo no le hago diagnósticos a nadie de su problema. Cada cual encuentra cómo solucionarlo una vez lo reconoce. Lo básico para que este sistema funcione con nuestros tres legados: Unidad, Servicio y Recuperación, que se cumplen cuando nos ocupamos de otros y dejamos de ser egoístas, para poder comprender la enfermedad”. 
Esos principios figuran en la pared del lugar junto a otras gráficas que definen las ‘curvas de enfermedad emocional y recuperación’, los ‘doce pasos’ y las ‘doce tradiciones’ de N.A., y la plegaria de la serenidad: “Señor dame valor para cambiar aquello que puedo cambiar, serenidad para aceptar aquello que no puedo cambiar, y sabiduría para reconocer la diferencia”.
Al final del encuentro la rezan y se despiden dándose la mano, quizá para siempre. Porque Nora, René, Adriana y todos cuantos pasen por allí no saben dónde viven, qué hacen, ni en realidad cómo se llaman. Tampoco saben si mañana se volverán a ver pero saben lo suficiente, como para sentirse afines.
 
* Nombres cambiados.
 
 
México, la cuna
El Movimiento Buena Voluntad 24 horas de Neuróticos Anónimos, tal y como se llama, nació en la Ciudad de México el 7 de julio de 1977, es decir el 7 del 7 del 77. Se acordó esa fecha para la apertura por la coincidencia de sietes, ya que según su fundador, Guillermo M. (así, a secas), tardaría “quien sabe cuantos años en repetirse”. Guillermo M, apoyado por algunos compañeros, todos pertenecientes al primer grupo de Alcohólicos Anónimos (A.A) que sesionó las 24 horas del día en el mundo, le dio vida a un movimiento que se ha venido extendiendo principalmente en el país centroamericano, al punto que hoy cuenta con 140 grupos, 35 en el área metropolitana, 98 en el interior de la República Mexicana, 6 en Norteamérica y 1 grupo en Colombia. La mayoría de ellos funciona durante las 24 horas del día y los 365 días del año, con servicios completamente gratuitos.
No obstante, un origen más remoto se le atribuye a Grover B. quien habría fundado el grupo original el 2 de febrero de 1964 en los Estados Unidos, luego de haber cumplido exitosamente los 12 Pasos que los ayudaron a dejar el alcohol.
Neuróticos Anónimos, también conocido como N.A., ha adoptado el programa de recuperación de Alcohólicos Anónimos y lo aplica en personas que, más que tener problemas con “su manera de beber”, tienen problemas con “su manera de vivir”.
Estos problemas se manifiestan en el consumo de drogas no recetadas o pastillas antidepresivas y tranquilizantes; en el tabaquismo y otras fugas de la realidad; así como cambios constantes de ocupación, domicilio o pareja, abuso de relaciones sexuales y/o dependencias excesivas hacia otro ser humano, hacia el dinero o a las posesiones materiales y algunas otras manifestaciones de la enfermedad.
N.A. sostiene no solo haber ayudado a miles de individuos a encontrar la tranquilidad, sino haber salvado a muchos del suicidio, el manicomio o la cárcel. Como medida de protección para sus integrantes y para la agrupación, se evita formar parejas o hacer negocios entre sus miembros.

Comentarios

El Portu dice ...
Este blog es adictivo...

juan dice ...
Hola me gustaria saber los numeros de telefono y pagina web para neuroticos anonimos. Te lo agradeceria.

camila dice ...
hola soy de bogota colombia y me gustaria saber la direccion y aun mas importante los telefonos en donde poder comunicarme con ellos.

Saludos y gracias.

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