Fuera de lugar
Al rescate...
Martes, 04-22-2008, 5:23:08 am
Así es la vida y éstos son algunos casos que han debido enfrentar los uniformados del Gaula del Ejército, encargados de combatir uno de los peores dramas de este país: el secuestro. Ellos izan la bandera del sí al rescate.
El teniente Víctor* reconoce entre dientes, que pensar en los secuestrados que están en el monte le roba el sueño. Le quita una parte de lo poco que duerme, porque sus jornadas sobrepasan a veces las doce horas.
Su familia se ha acostumbrado a verlo levantarse de madrugada, casi sobresaltado, atendiendo al llamado de las operaciones que comienzan con el alba, mientras los captores duermen y las víctimas cuentan sin sentido las horas y los minutos para volver a la libertad.
“Estamos preparados para manejar esas situaciones, pero no deja de ser doloroso cuando encontramos a las personas en una especie de jaula, sin recibir el sol durante días o meses, pálidas y débiles”, relata entre los recuerdos que hacen parte de sus cerca de tres años de trabajo en rescates y operaciones antisecuestro.
Unas difíciles, otras rápidas, casi todas exitosas. Una en enero del presente año, en la que resultaron heridos tres soldados del Batallón Ricaurte cuando rescataban a un comerciante en el área rural de la Provincia de Soto.
La vereda Misiguay se convirtió entonces en un cruento escenario de intercambio de disparos con presuntos guerrilleros del Epl, que se estaban llevando cautivo al hombre, por la vía que conduce a la Costa Atlántica.
“A veces resulta increíble cómo pueden mover en sólo 15 minutos a un secuestrado más de 40 kilómetros. Recuerdo mucho el caso de un señor y su hijo que habían sido plagiados por el Eln en el área rural de Lebrija. Ellos estaban pidiendo una suma de dinero y nosotros los ubicamos satelitalmente. Cuando fuimos al sitio donde se haría la liberación, no estaban y luego los plagiados aparecieron en un sector totalmente alejado de nuestro lugar. Estábamos muy desubicados. Ellos se mueven mucho en la selva”, agrega Víctor.
No obstante, él y los tenientes del Gaula Santander, adscrito a la Quinta Brigada, no se quedan atrás. Antes de ir a un rescate realizan todo un planeamiento estudiando la carta, que no es otra cosa que un mapa del terreno.
“Con él sabemos cuánta gente necesitamos para hacer determinado rescate, dónde es el área y el apoyo de qué batallones cercanos necesitaremos. Todas esas informaciones las vamos obteniendo a través de la red de cooperantes”.
A Víctor le enorgullece que múltiples oídos de la población civil, se hayan convertido en la mayor herramienta para neutralizar secuestros y realizar rescates. A ellos los contactan a través de un teléfono celular o fijo, y a partir de un dato se puede crear toda una operación o abortarla. Este Teniente de 36 años lo sabe, y por eso recuerda con satisfacción el día en que llegó con sus hombres a una casa del sitio conocido como ‘Loma Lancheros’, en el corregimiento de Pitiguao, del municipio de Mogotes. En cuestión de minutos, desarmaron de su 9 m.m. al secuestrador que hacía parte del frente 45 de las Farc, y rescataron a un reconocido panelero del Valle de San José.
“El operativo de rescate se había montado desde el mismo día del plagio en coordinación con el DAS, que siempre nos acompaña. Acordonamos el sitio para que no pudieran sacar la víctima. Ya la red nos había informado sobre el paso del vehículo en que movilizaban al palenero por ciertos lugares que nos condujeron a Pitiguao”.
Dar la vida
Víctor ha venido conociendo los diferentes modus operandi de las organizaciones delictivas, gracias a las labores de inteligencia que lidera el Teniente Juan*.
Ambos, entrenados en operaciones de contraguerrilla, allanamientos, ascenso y descenso de edificios, asalto a casas, registro a vehículos, y manejo de armas cortas y largas según el terreno del rescate (las primeras para la ciudad y las segundas para el campo. Estas últimas pueden incluir lanzagranadas y morteros), se apoyan con las distintas unidades y con detectives del DAS.
“En la parte rural ya es una operación mas conjunta, más grande porque el campo es mucho más abierto. Uno en la carta (mapa) ve totalmente distinto el terreno a como lo encuentra, pero lo que nos favorece es que Santander no tiene selva, por eso llegamos más fácil al secuestrado”, dice Juan, quien ya identifica al dedillo los campamentos del Eln, que son los que tienen mayor presencia en la región.
“Sabemos que ellos siempre minan los campos, entonces entramos con cuidado. Generalmente lo hacemos con dos equipos de asalto, que son los que entran al objetivo (rehén), previamente asegurado. Contamos con soldados francotiradores que tienen fusiles especiales con miras para ubicar al secuestrador. También llevamos soldados capacitados en pequeñas cirugías para atender heridas por arma de fuego, luxación o cualquier accidente. Ellos deben mantener a la persona viva por el término de unas seis horas, mientras llega un apoyo helicoportado”, subraya Juan, un hombre ordenado y meticuloso.
Su tarea le ha permitido concluir que generalmente los rehenes que tiene la subversión son custodiados por máximo cinco personas, mientras que los plagiados por la delincuencia común a veces los dejan a cargo de una familia en una casa de un barrio de la ciudad. Estos últimos siempre realizan la extorsión haciéndose pasar por cabecillas de las Auc.
“A la delincuencia le queda muy difícil manejar un secuestro, debido a que debe mantenerlo muy cerca al área urbana, lo que hace es venderle los secuestrados a un grupo organizado”, reitera.
Por eso el mayor dolor de cabeza para los tenientes del grupo Gaula, siguen siendo los frentes 4 de septiembre y Manuel Gustavo Chacón del Eln, en los que Alias ‘Jhonny Chaleco’ y Alias ‘El Tigre’, insisten en seguir engrosando sus arcas monetarias con el dinero sus víctimas.
“Pagar rescates es financiar sus delitos. Por eso insistimos en la cultura de la denuncia y el no pago, Pero a nosotros a veces nos llegan los casos hasta una semana después del secuestro”, añade Juan.
Lo cierto es que en cualquier caso de plagio prima la vida, y eso lo tienen claro todos los funcionarios del Gaula: “en lo que más entrenamos es en preservar la integridad y la vida del secuestrado. Cada vez que uno sale a un rescate piensa en eso, porque obvio que si llegan a asesinar a un secuestrado, el problema se viene para la familia, para el Estado y para nosotros. Si uno tiene que dar la vida por la persona, que así sea, porque ella es la que está en riesgo”, dice el teniente Víctor.
Quizá son estos temores los que hacen que los familiares de algunos de los rehenes que tienen en su poder los grupos al margen de la ley, hayan manifestado su vehemente rechazo al “rescate a sangre y fuego”, como lo llaman.
Pero, ¿pagar?
Hablando con el enemigo
“Nosotros asesoramos a la familia, tratamos de llegar a una negociación para que paguen un monto mínimo, en caso de que toque pagar, pero siempre le apostamos al rescate. Los instruimos para que tengan un nivel de confianza con el secuestrador y negocien, pero ellos saben que si pagan, pueden seguir siendo objeto de extorsión”, asevera el Teniente Saúl*, quien apoya a Juan en inteligencia.
Él es una autoridad en la materia, pues es el jefe de la sala técnica, en donde se hacen las interceptaciones de llamadas, previa orden judicial.
“Lo que más recomendamos a las personas es que tengan un identificador de llamadas. Aunque nosotros hacemos el ‘plan cabina’ (identificar de donde proceden por las señales de celular), eso nos facilita mucho el trabajo”.
El teniente Saúl también coordina el uso de radios y se ha vuelto un experto en descifrar las cartas extorsivas o las pruebas de supervivencia que les llegan a los familiares.
“Hemos detectado que cuando se trata de la subversión, los membretes y los logotipos de las cartas son originales; la delincuencia común los escanea, pero son incapaces de falsificarlos. Lo mismo en la redacción, el delincuente no tiene facilidad de expresión”, sostiene Saúl, quien recibe muchas veces las llamadas extorsivas, en las que se exigen montos desde U$1000 hasta US$1.5 millones.
“El contacto de nosotros con el enemigo es más directo, porque nosotros hablamos con él al otro lado de la línea. A veces se concretan entregas de dinero para lograr su captura. Le decimos a la familia cómo actuar, mientras nosotros aseguramos el sitio. Generalmente van dos bandidos que se sientan con la víctima y reciben el paquete. Recuerdo que la última vez hubo intercambio de disparos en plena calle de la ciudad, y tuvimos que darlos de baja”.
Saúl reconoce que en la mayoría de las operaciones hay enfrentamientos, pero a veces prefiere que se presenten si eso va a permitir el regreso de los secuestrados.
“Yo tuve un caso, en que el nieto de un señor estaba gestionando el pago de su rescate con guerrilleros de las Farc. A última hora le pusieron una cita en Cúcuta, cuando ya habían quedado en verse en Lebrija. El muchacho fue. Le entregaron a su abuelo y se lo llevaron a él. ¿Así quien confía? A veces quieren tener a alguien más joven de la familia que les aguante más”, asegura.
En las Farc hay violaciones
Los tenientes, hábilmente preparados en las operaciones en terreno, no dejan de reconocer que quizá el trabajo más difícil y más importante viene después: la recuperación de la confianza de la víctima.
“Nosotros no los dejamos solos pero obviamente, no les podemos brindar un escolta ni nada de eso. Lo que sí hacemos es brindarles ayuda psicológica”, dice el Teniente Víctor.
Es allí donde la cuota femenina juega su papel, pero quizá el más relevante. La psicóloga del Gaula, es quien atiende a las familias durante y después del secuestro y es ella quien conoce realmente el drama que vivieron.
“Una vez llegan acá, se les enseña a manejar la angustia que genera el cautiverio, las llamadas, las cartas, lo que llamamos intervención en crisis. Que cuenten todo lo que quieran desde el día que se los llevaron hasta su libertad”.
Sus testimonios vienen cargados de un ánimo de venganza al principio, que se va amainando con el tiempo, pero que puede volver a aparecer. Las primeras reacciones son cambiar la línea de teléfono y aislarse del mundo. Muchos buscan irse de la ciudad y hasta del país.
“Recuerdo un caso en el que secuestraron a los cuatro miembros de la familia, y las dos mujeres fueron abusadas sexualmente. Al principio ellas tenían sed de venganza y solo querían que los capturáramos y verlos sufrir. Luego la menor comenzó a llevar una vida sexual desordenada, pues había sido violada por varios guerrilleros, cada día uno diferente (...) Generalmente en las Farc hay violaciones, específicamente en algunas cuadrillas. En el Eln no”.
Estas vejaciones, por fortuna, no son muy frecuentes. La psicóloga ha detectado que por el contrario, cada vez hay más casos en los que se genera el síndrome de Estocolmo.
“Salen diciendo que los cuidaron, que los trataron bien, que son excelentes personas. Entonces las víctimas no denuncian por temor a que le pase algo a la gente que las cuidó. A veces hacen amistades y cuando salen mantienen contacto telefónico con el guerrillero y se cuentan sus cosas personales”.
Esto quizá no preocupe a los Tenientes Víctor, Juan y Saúl. Quizá esa sea la menos grave de las secuelas, visto que ellos han tenido que apoyar al rehén, a quien encontraron esposado a un poste de la luz en calzoncillos, y al niño secuestrado por su propio padre por una venganza familiar.
* Nombres cambiados
¿Cómo evitar un secuestro?
La oficina de seguridad preventiva de Bucaramanga (O.S.P.), que depende del Fondo Nacional de la Libertad Personal (Fondelibertad), adscrito a su vez al Ministerio de Defensa, es la encargada en la ciudad de brindar herramientas a las personas para que aprendan a reconocer los estados de riesgo y eviten ser víctimas de secuestradores y extorsionistas.
Para obtener un servicio de la Estación de Apoyo Inmediato (E.A.I.), uno de los programas bandera de la O.S.P, “la persona debe afiliarse y adquirir un radio en el mercado (su costo oscila entre US$1.000 y US$1.500), el cual será dotado con unos códigos de comunicación, un permiso y por supuesto la inducción para su uso. Ninguno de nuestros servicios tiene costo, sólo el aparato, pero nosotros no lo vendemos”, explica el director de esa oficina, el Mayor ® Juan Manuel Miranda.
La cobertura de la red de radio es en todo el departamento de Santander y algunos municipios del sur del Cesar y del sur de Bolívar. La idea es conocer información sobre “incidentes de seguridad de la persona, situación en las vías urbanas y rurales y alertar a los organismos de seguridad en caso de emergencia. No obstante, el uso de estos equipos se recomienda de acuerdo con la matriz de riesgo”, agrega el Mayor Miranda.
“Seguimos recomendando a las personas que mantengan un bajo perfil, que tengan siempre un equipo de comunicación consigo, que averigüen el estado de las vías antes de viajar y que verifiquen la identidad de las autoridades en los retenes”, aconseja por su parte el Comandante del Gaula Santander, Mayor Antonio Rico.
A estas medidas, las autoridades añaden el no concentrar dinero en una sola cuenta bancaria, cambiar constantemente las rutas de desplazamiento, no tomar atajos desconocidos y averiguar los antecedentes de los colaboradores más inmediatos.




