Hanoi (Cuento corto)

Con esta historia re-comienzo mi pasión por la ficción. Sus comentarios son muy apreciados.
Hanoi
Son las 9 de la noche, o quizás las 3 de la tarde. No estoy seguro. Este vino es muy bueno. Tengo mucho sueño. Muuuuucho sueño. Mis párpados se cierran. Ya no puedo pensar. Wow. Estoy mareado. Este vino es muy bueno. La punta de la lengua me dice que me corté el labio.
Llegué a Hanoi, la capital de Vietnam, apenas hoy. Por fin salí del aeropuerto. Es una ciudad exhuberante, con más de 3 millones de habitantes. El clima es húmedo y caliente. Los sudores y las camisas blancas se combinan a un lenguaje extraño. Me siento aturdido. La gente me mira y se sonríe. No es fácil pasar desapercibido en Hanoi cuando mides 6 pies y pesas 250 libras. Un taxi me espera. Una chica amable y de atractivas facciones orientales se me acerca: ¿Sr. Louis? Sonrío. No. No soy yo. Qué lástima. ¿Sr. Anderson? dice una voz áspera. Volteo. Sí. Soy yo, digo mientras se me muere la sonrisa. Chùa me muestra sus dientes separados y su cara bonachona. Me invita a montarme en un taxi. Le sigo.
No puedo respirar. Son las 9:15 ¿de la mañana? No lo sé. No puedo respirar. Me ahogo. Este vino es bueno. Wow. Phuoc Loc, dice la etiqueta. Mi mano derecha aprieta firmemente la botella, casi vacía. Que raro. No recuerdo haber tomado tanto vino. ¿Lo regaría en la alfombra? No puedo respirar. Comienzo a dar bocanadas buscando aire. Este vino es bueno. Me quito la corbata. Los ojos se me cierran nuevamente. No tengo control de mi cuerpo.
Chùa Liao me pone al día. Tendré una reunión mañana con los gerentes de la compañía. 7 am. No llegue tarde Sr. Anderson, me dice Chùa. El taxi acelera peligrosamente entre las calles de Hanoi. No hay heridos. Llegamos al hotel. Chùa recoge mis maletas y paga al taxista, quién hace una vénia y desaparece entre la multitud tan rápidamente como llegó. El hotel es elegante. Saludo inclinando la cabeza a cuanta persona me consigo en lobby. Chùa, ¿dónde puedo conseguir cerveza? El calor me está matando. Chùa, me va a venir a buscar a las 5 de la tarde. Vamos a ir al mejor sitio de Hanoi. Tengo sed.
No puedo mover los ojos. La vista se me cierra y no puedo hacer nada para impedirlo. Este vino es malo. Dios mío ¡qué mal me siento! ¿Qué me está pasando?
¿Qué es eso? Le pregunto al bartender. Chùa traduce por mí. El bartender sonríe. Eso es rượu rắn. Solo para hombres vietnameses fuertes. No recomendado para turistas. Me río. Se ríen a carcajadas. Me da curiosidad. Quiero comprar una botella. ¿Es bueno ese vino? Muy bueno, muy bueno. Pero, solo para hombres, dice el bartender. Me da una botella sobre el mostrador. La examino de cerca. ¿Tiene un reptil adentro? Qué asco. Ambos se ríen al ver mi cara.
¿Son las 9:30 de la noche? No lo sé. Mi lengua está tan pesada que siento que va salirse de mi boca. Comienzo a convulsionar sin parar. Me ahogo en espumarajos. Ese vino es muy muy malo.
Llegué a la habitación bastante temprano. Al otro día tenía que estar a las 7am en compañía de los dos gerentes. Pero, aunque esto es un viaje de negocios, lo puedo convertir en placer con esta botellita. Je je. Me doy el primer trago y luego el segundo. Este vino es excelente. Siento una punzada en el labio. Ouch. Je je. No debo pegarme la botella a la boca.
Son las 10 am. Escríbalo en su registro teniente. Sujeto americano, 2 mts de alto. botella de vino de serpiente a su lado derecho. Punzada en el labio inferior. Parece que uno de los colmillos de la cobra que viene dentro del vino todavía tenía veneno. No lo sabremos hasta que hagamos las pruebas, pero ya he visto casos como esto. Escriba tentativamente: Muerte accidental.
Son las 10 de la noche. Me muero.





